Mons. D. José Delicado Baeza. Arzobispo Emérito de Valladolid

(✞12-3-2014)
D. Dámaso Eslava y su irradiación evangélica y sacerdotal

Sacerdote ejemplar y testigo del Evangelio en el siglo pasado desde la diócesis de Cartagena con D. Diego Hernández, siervo de Dios, de la diócesis de Orihuela-Alicante, de algún modo relacionados con el otro siervo de Dios, D. José Soto, para mí referentes inolvidables de mi vida vocacional y pastoral con San Juan de Ávila, ahora ya como Doctor de la Iglesia universal en su ancha perspectiva teológica y pastoral por su fundamentación bíblica y patrística con sus sermones y escritos teológicos de gran influencia en el Concilio de Trento y en la santificación de los sacerdotes.

¿Quién no se sentiría afectado por su relación con estos testigos ejemplares que la Providencia nos ha deparado en una sociedad de tendencia materialista y hasta agnóstica en cierto sentido? El recuerdo hace vivir las experiencias enriquecedoras con el paso del tiempo y llenas de gratitud no sólo por haberlas tenido, sino por sentir la deuda contraída en comunión con Cristo y la Iglesia, recibida por el reflejo de estos ejemplares testigos evangélicos. Entonces se comprende mejor la vocación cristiana. Es un momento particularmente importante para comprender y vivir la dependencia del amor de Dios, es decir, de la gracia, en el proceso hacia la madurez personal y teologal. No es sólo una experiencia del proceso de la historia que se puede llamar dilatación de la cultura social, pero que cristianamente es un don sapiencial del Espíritu Santo. El hombre es consciente de que vive a veces sobre un abismo caótico, pero que no puede rechazar la muerte ni automarginarse del odio o del resentimiento, porque la vida parece avanzar por el progreso cultural y de ciencia y de la técnica. Lo importante es que más al fondo de la cultura ambiental de tendencia materialista, la razón esté apoyada en la Palabra de Dios vivida sapiencialmente con fiel esperanza.

Pero a muchos les parece que éste es un esfuerzo baldío de la razón que se aisla de esta dependencia divina, convencida de una vida sin “porqué”, que prefiere entretenerse con las cosas sensoriales y transitorias, y terminar desistiendo de esperar: “Existir significa estar sosteniéndose dentro de la nada” (Heidegger). “Es absurdo que hayamos nacido y absurdo que muramos” (Sartre). “La esperanza es una ilusión peligrosa, reconoce A. Camus, quien recomienda vivir a la altura de la desesperación”. O se puede reaccionar como Unamuno: “Me pasaré la vida luchando con el misterio y aun sin esperanza de penetrarlo, porque esa lucha es mi aliento y consuelo”.. .El hombre en esa situación de desamparo deriva al entretenimiento o, cuando le falta la fe, a la creencia consoladora… “Pero matar el tiempo es la esencia de lo cómico, lo mismo que la esencia de lo trágico es matar la eternidad”. La derivación al consuelo personal y hasta al oficio de consolador aparece con gran vigor en su novela “San Manuel Bueno, mártir”: “Con aquella su constante actividad, con aquel mezclarse en las tareas y las diversiones de todos, el cura parecía querer huir de sí mismo. Querer huir de la sociedad”, “Le temo a la soledad”, repetía. “Yo no debo vivir solo, yo no debo morir solo. Debo vivir para mi pueblo, debo morir para mi pueblo”.

Podríamos decir que traté fraternalmente a D. Dámaso y a D. Diego, ya siendo sacerdote y colaborando en ministerios que me encomendaban -retiros y ejercicios espirituales-, pero especialmente en mis relaciones con el P. José Soto, como director espiritual mío desde mi ingreso en el Seminario de Málaga.

Eran promotores de vocaciones y formadores de seminaristas y sacerdotes con el deseo de renovar la situación de la comunidad eclesial, orientándola según el Evangelio. Se trataba de servir al Seminario ejemplarmente y con abnegada entrega personal, a fin de formar comunidades orantes, humildes; con personas limpias de corazón, entregadas, obedientes, alegres y gozosas en el Espíritu Santo, etc., como apóstoles decididos de Cristo en todo tiempo y circunstancia.

El perfil de estas personas, que vivieron especialmente al servicio de la promoción vocacional y de la formación sacerdotal, ha sido particularmente luminoso y alentador con el paso de los años, en la entrega incondicional de sus vidas y para la misma comunidad eclesial, con la ayuda maternal de la Virgen María para nuestra entrega filial y fraternal.