La vida de D. Dámaso Eslava Alarcón (1912-2003), Sacerdote Diocesano, camina junto a la de los hombres y mujeres, amigos fuertes de Dios, que en la Iglesia de Cartagena han sido dóciles, en este tiempo, a la acción del Espíritu Santo, dejando una estela de luz y una invitación a seguir las huellas de Cristo: Beata María Ángela Astorch, Beato Andrés Imbernón, Beata Piedad de la Cruz, Beato Fortunato Arias, Siervos de Dios D. Juan Sáez Hurtado y D. Diego Hernández, Venerable Madre María Seiquer…

Esta semblanza quiere ser un agradecimiento del corazón de muchos sacerdotes, seminaristas y seglares que han recibido el influjo benéfico de la entrega y la  espiritualidad de este sacerdote de Jesucristo.

Para el creyente la fe es vida, que brota de la fuente bautismal donde la Iglesia nos ha dado a luz. Qué triste será nuestra vida si lo miramos todo desde la perspectiva del mundo. “Padre, te ruego por ellos, que están en el mundo pero no son del mundo” pedía Jesucristo en la Oración sacerdotal (Jn 17).

Ésa fue su gran enseñanza: vivir como hombres de fe, no sólo en los momentos fáciles sino también en los difíciles, recordando el ejemplo de Abraham, que no temió en darle a Dios lo que le pedía aunque aquello fuese lo más costoso. D. Dámaso enseñó con verdadero ahínco a ver cómo la fe ha de influir en nuestra vida, y cómo la relación con Dios no puede quedar aislada a los ratos de oración o a la celebración de los Sacramentos.